¿Sigues ahí?

2 meses y medio.

Eso es lo que llevo sin escribirte.

Y vuelvo sin avisar un domingo inhóspito.

Solo hay dos opciones:

  1. Que no te importe en absoluto no haber recibido estos emails.

  2. Que hayas echado en falta recibir esta newsletter de Aimara.

Si es el segundo caso, hoy vengo a contarte por qué dejé de escribirte, qué he hecho durante este tiempo y qué va a pasar de aquí en adelante.

Voy a ser jodidamente honesta. Porque siento que necesito serlo.

Ponte cómoda.

Prepárate un tu té, café o cola cao.

¿Estás?

Bien.

Joer no sé ni por dónde empezar.

El caso…

Podría resumirte todo en que a veces la vida no sale como esperas.

¿En serio, Tam? ¿Un email para decir esto?

No no, en serio, es que la vida no sale como esperas.

Y no sé tu cabeza, pero mi cabeza muchas veces se inventa que sí.

Por eso, yo tenía ideas, planes, ilusiones… y un día paras y te pones a reflexionar si eso tiene algún sentido.

Y eso es precisamente lo que me pasó.

En alguna ocasión ya te he comentado cómo las redes sociales son todo un reto a nivel de gestión emocional.

La adicción a los likes, a sentirte presa de crear contenido, de que “guste“ lo que haces, de que tenga visualizaciones, de generar ideas, de ser más creativa que nadie, de compararte con todo el mundo, de sentir que nunca será suficiente nada de lo que hagas porque siempre tendrá que conseguir más…

Todo eso lo he sentido.

¿Lo peor? Que ni siquiera era consciente o tenía el valor de admitirlo.

Me he dado cuenta de la cantidad de imágenes que trato de mostrar al mundo con tal de gustar y ser aceptada.

¿Sabes el desgaste que genera eso?

Que te diga esto no significa que haya roto con todo eso.

Simplemente me he dado cuenta.

Es un paso.

Eso es parte de lo que he estado haciendo durante este tiempo.

Cuando muestras una máscara al mundo constantemente es difícil deconstruirla si no paras y dejas de mostrarla.

Todas las personas mostramos máscaras.

Todos tendemos a mostrar que somos más felices de lo que realmente somos y eso en las redes sociales es exponencial.

De verdad que he intentado no mostrar nunca nada idílico pero lo cierto es que también sé que he seguido queriendo mantener un montón de imágenes para gustar o ser aceptada.

También sé que es una manera de tratar de protegerme al exponerme tanto en una red social.

No digo que esté mal.

Simplemente creo que puedo y quiero hacerlo de otra manera.

Aún no sé cómo.

Pero me apetece experimentar, probar, tomármelo como un juego y con naturalidad.

No como una jodida obligación buscando que alguien me acepte.

De hecho el otro día escribí una frase perfecta para esto que te digo:

Podría resumir toda esta newsletter con esa imagen.

Bueno, en realidad no del todo, porque he estado reflexionando y conociendo muchas más cosas de mí.

Está siendo muy guay y de alguna manera espero poder compartir lo que estoy aprendiendo de una manera diferente.

Espero que te sirva de algo todo lo que pueda compartirte.

Y bueno, ¿Qué va a pasar ahora?

Te mentiría si te dijera que tengo claridad sobre eso.

Pero bueno, para empezar, te voy a empezar a volver a escribir.

No sé qué día de la semana será o si serán varios.

Si descubro algo interesante que te pueda contar y servir, lo haré.

También te compartiré viñetas, ideas, frases o reflexiones privadas.

Como la te he compartido antes.

¿Y qué pasa con Aimara?

Estoy trabajando en ello.

¿En qué?

Te lo iré contando.

Si te quedas, claro.

Si no te interesa nada de lo que te digo te puedes dar de baja sin ningún problema.

Estoy tratando de aceptar que no gustar a todo el mundo es parte de la vida.

Aunque a veces me invente que debería ser de otra manera.

Si te quedas, nos vemos en la siguiente newsletter.

Hasta entonces, ya sabes.

Recuerda quererte mucho.

(Esta frase tiene mucho más sentido ahora).

Tam.