Te cuento mi último chasco

Amiga.

Hoy me hubiera gustado decirte que tenías tazas de Aimara para comprar.

Pero no.

Hoy vengo con un email rapidito para decirte que hace pocos días me llegó una muestra de una taza de Aimara.

Independientemente de que quisieras una taza de Aimara o no, creo que puedes aprender algo de este email.

El caso es que llegó la taza.

Qué ilusión ¿no?

Pues sinceramente… sin más.

No tenía excesiva ilusión. Tuve mucha más ilusión imaginando que llegara el día que cuando llegó.

Como aquello que dicen que las personas asalariadas son más felices los viernes que los domingos.

Pues algo así.

Bueno.

Abrí la taza y no me gustó.

No me gustó la taza, no me gustó cómo había quedado, no se leía bien, el dibujo no estaba bien definido…

Vamos, un chasco, un desastre.

Y analizándolo, lo que más me jodió en ese momento no fue que la taza hubiera quedado mal, sino que realmente me apetecía que la gente tuviera en sus casas una taza de Aimara.

En mi cabeza se dibujaba perfectamente la imagen de alguien disfrutando de su café, su té o su cola cao en esa taza.

Para serte totalmente honesta, he sido incapaz de utilizarla.

Joder Tam, ¿tan fea es?

Lo cierto es que no, de hecho, muy probablemente a muchas personas les gustaría y la comprarían.

Pero yo no estoy satisfecha con el resultado.

Por eso no la voy a vender, porque no me sentiría a gusto.

¿Quiere decir eso que nunca venderé tazas?

No.

Quiere decir que no me ha gustado cómo han quedado las tazas de este proveedor y quizás más adelante busque otro.

Y si me gusta el resultado, solo entonces, te las ofreceré.

Lo que quiero que te lleves de este email es que la vida no siempre sale como esperas.

De hecho, me acordé mucho de una de las páginas de Aimara y el Lobo Blanco donde Aimara le pregunta al Lobo: ¿las cosas suelen salir como esperas?

Su respuesta es maravillosa.

Ese libro sí que te lo recomiendo.

Nos vemos muy pronto.

Hasta entonces, ya sabes.

Recuerda quererte mucho.

Tam.