Joder, siempre me pasa igual

Miércoles 10 de septiembre.

Son las 7:27 en Zaragoza.

Ojalá esta newsletter te sirva, en serio.

Mira, tengo una cosa buena.

La perseverancia y la autoexigencia.

Sí, he dicho dos.

Genial.

Bueno, sí y no.

Porque esas dos no vienen solas.

Vienen acompañadas de una presión autoimpuesta que aún no he sido capaz de domar.

Resulta que me autoexploto.

No sé si te habrá pasado.

Pero me he dado cuenta de que tiendo a utilizar cada hueco que tengo en algo productivo.

Así que tiendo a eliminar los momentos de ocio, entretenimiento, descanso…

Y sí, descansar es productivo.

Pero mi cerebro no lo interpreta así.

Solo quiere pensar en sobrevivir, controlar todo y trabajar para hoy y para el futuro para que ninguna posible desgracia nos pueda pillar por sopresa.

En un afán de tratar de controlarlo todo.

Como si algo se pudiera controlar.

Esto me lleva pasando mucho tiempo y cuando me doy cuenta, rectifico.

Y cuando me relajo y creo que ya no me pasa, me vuelve a pasar.

Es un círculo vicioso.

¿Por qué te cuento esto?

Porque me he dado cuenta de que cada persona tenemos tendencias, comportamientos automáticos.

Y si no prestamos atención, eso nos condiciona y dirige nuestras vidas.

No te ha pasado alguna vez que has visto a alguien y te has preguntado: de verdad hay alguien al mando de esa vida?

Pues bien.

No.

No hay nadie al mando en la mayoría de los casos y la mayoría del tiempo.

Me incluyo, por cierto.

Pero el primer paso, es prestarse atención.

Tanto, que te des cuenta cómo tú misma te estás haciendo el lío en muchas cosas.

De esa manera puedes empezar a identificar ese tipo de cosas, y protegerte.

Porque sí, muchas veces tenemos que protegernos de nosotras mismas y cuidarnos.

Para eso necesitas parar.

Y para parar, quizás este libro pueda ser un primer paso: libro

Espero que te haya servido.

Nos vemos en la siguiente newsletter.

Hasta entonces, ya sabes.

Recuerda quererte mucho (y prestarte atención).

Tam.